El 25 de enero de 2015 marcó el adiós definitivo de Demis Roussos, uno de los artistas más emblemáticos de los años setenta. A pesar de que su música y estilo fueran calificados por algunos como «hortera» con el paso de las décadas, Roussos dejó una huella imborrable en la historia del pop y las baladas románticas.

Los inicios: de Alejandría a Grecia

Nacido en Alejandría, Egipto, en una familia de origen griego, Roussos mostró su talento musical desde joven, ingresando en el coro bizantino de su iglesia. La inestabilidad política llevó a su familia de vuelta a Grecia, donde comenzó su camino en la música popular. Primero fue parte de The Idols y más tarde de Aphrodite’s Child, grupo que cofundó junto a su primo, el legendario teclista Vangelis. Este último destacó como autor de bandas sonoras icónicas como Carros de fuego y Blade Runner.

Con Aphrodite’s Child, Demis alcanzó la fama internacional gracias a temas como Rain and Tears (1968), una hermosa adaptación del Canon de Pachelbel. Este himno melódico, con su inconfundible colchón de teclados, conectó con la escena del rock progresivo europeo y marcó el inicio de su impacto global.

Una carrera en solitario llena de éxitos

Tras la separación de Aphrodite’s Child, Roussos debutó en solitario en 1971 con On the Greek Side of My Mind. Sin embargo, fue su segundo álbum, Forever and Ever (1973), el que lo consagró como un fenómeno internacional. Canciones como Goodbye, My Love, Goodbye y Velvet Mornings no solo alcanzaron el número uno en España sino que definieron su estilo único: baladas románticas con un vibrato inconfundible y ecos de la música tradicional griega.

Muchas de sus canciones, grabadas también en castellano, consolidaron su popularidad en España y América Latina. A pesar de que algunas puedan sonar desfasadas hoy, en su época causaron furor, convirtiéndolo en un ícono de la música romántica.

Un personaje inolvidable

Más allá de su voz, Demis Roussos destacaba por su imponente presencia. Su oronda figura y sus características túnicas exóticas lo convirtieron en un rostro inolvidable de los programas musicales de televisión de los setenta. Detrás de su imagen se encontraba un hombre carismático y apasionado que vivió intensamente, casándose cuatro veces y enfrentándose a diversos desafíos personales.

Uno de los momentos más dramáticos de su vida ocurrió en 1985, cuando fue secuestrado en el vuelo TWA 847 entre Atenas y Roma. Liberado tras cinco días junto a otros ciudadanos griegos, este episodio marcó un antes y un después en su historia personal.

El ocaso y el legado

A lo largo de su carrera, Roussos luchó contra problemas de salud relacionados con su peso, perdiendo 50 kilos a principios de los ochenta y publicando un libro titulado Cuestión de peso. Continuó actuando y grabando música hasta sus últimos años, con giras en Europa, Rusia y los Emiratos Árabes.

Diagnosticado de cáncer de estómago, páncreas e hígado, Demis Roussos falleció el 25 de enero de 2015 a los 68 años. Aunque su estilo pueda dividir opiniones, su legado musical sigue vivo, especialmente en los corazones de quienes vibraron con su voz única y su romanticismo atemporal.

Diez años después de su partida, recordamos a un artista que fue mucho más que una moda pasajera: una leyenda que supo emocionar y conectar con millones de personas en todo el mundo.

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